A diario recuerdo mi niñez cuando veo a Daniela. Es tan fuerte. Me parte el alma pensar que puede llegar a sufrir por nuestros errores. Ella solo merece felicidad. Ella es luz, es mi faro, mi guía. Debo mantenerme a flote por ella. Tengo tanto amor para darles que, simplemente, debo darlo y punto.
A Moly le habían diagnosticado cáncer y yo me sentí muy mal. Es Moly. No merecía algo así y menos si no fuma. Como va a fumar, los poodle no fuman. Parece que después de todo no era eso. Pero no olvidaré el día que llegue a la casa y encontré el recado de Adriana sobre la mesa:
“Hola amor, fui con mamá, no me tardo. Otra cosa, en esta casa ya no se fuma, espero que me puedas ayudar….” y luego:”… mi Moly tiene CANCER”…
No lo olvidaré y no lo olvido. He dejado de fumar. Porque el pecho me dolía ya y nunca antes me había pasado; porque cada vez es más el agotamiento hasta de cargar a Daniela, de subir unas escaleras, de caminar rápido; porque Daniela es fumadora pasiva y así yo soy un asesino; porque quiero verla crecer y que me vea envejecer con ella; porque Moly tenía cáncer y ya no.

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