Arráncame la cabeza
córtala en pedacitos,
los brazos y las piernas también.
Échalos a los perros,
veamos si ellos sí gustan de mí.
La carne cruda.
Antes,
el corazón sepáralo de las vísceras
y guárdalo para ti,
es solo un órgano
pero atesora amor puro.
Los ojos desencájalos de sus cuencas
y mételos en un lugar oscuro,
que no vean tu ojos diáfanos;
Con un cuchillo, arránca de la base
mi lengua y échala en salmuera,
que no hiera con palabras fútiles tus sentires;
Con cera hirviendo sella de una vez
mi nariz y mis oídos,
tu bien sabes que no debo escuchar
tu voz ni aspirar tu aroma dulce;
Recupera si puedes mi piel y
con armazón de huesos y alambres
cúrtela al sol con sal y cal y
que los perros la huelan,
que juzguen,
déjala así tres días.
Descansa tres días de mí.
De lo que ví que no era cierto,
de lo que dije mal,
de lo que oí sin entender
y lo que sentí sin amar.
Une las partes después
con sudor y saliva
y da nueva forma al amor que buscas
que no sea yo más quien exista
sino aquel ser de alma pura.

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